Investigación en los bosques ancestrales de los Maijuna

Noviembre 26, 2009 por bloghabitat

Después de varios meses retomo mi columna para compartir con ustedes una nota que publicamos junto al Proyecto de Apoyo al Procrel en Loreto, luego de un arduo proceso realizado hombro con hombro con los Maijuna para conducir un inventario rápido en sus tierras ancestrales. A continuación, las notas más saltantes de este trabajo en conjunto que esperemos brinde la protección que merecen estos bosques; protección que junto a un manejo sostenible garantizarían la integridad de estas tierras a perpetuidad.  

El equipo liderado por el Proyecto Apoyo al PROCREL, la Federación de Comunidades Nativas Maijuna (FECONAMAI) y The Field Museum de Chicago realizó un inventario biológico rápido como parte de las actividades de una iniciativa para crear un Área de Conservación Regional (ACR) dentro de territorios ancestrales de los indígenas Maijuna en Loreto. La evaluación incluyó muestreos en zonas frágiles de cabeceras de cuencas que drenan tanto a la cuenca del río Napo como a la del Putumayo dentro de la provincia de Maynas.

“Los bosques de Loreto no dejan de sorprenderme” afirmó Corine Vriesendorp, Directora del Programa de Inventarios Rápidos de The Field Museum de Chicago, en el auditorio del Vicariato Apostólico, durante la presentación de los resultados del inventario llevado a cabo recientemente en una propuesta ACR en la región. La bióloga se refería a las formaciones de colinas aparentemente únicas que los científicos estudiaron tanto desde el aire durante un sobrevuelo, como en el mismísimo corazón de los remotos bosques del norte de la propuesta. Y es que se encontró vegetación inusual y especies cuyas familias son aún desconocidas, inclusive para los miembros del experimentado grupo de botánicos.

El territorio ancestral de los indígenas Maijuna está emplazado en la selva amazónica nororiental del Perú, en el interfluvio entre los ríos Napo y Putumayo, donde 336,089 hectáreas han sido propuestas como un ACR. El área se encuentra a 60 kilómetros de Iquitos, y colinda con el ACR Ampiyacu-Apayacu hacia el este, con  varias comunidades distribuidas a lo largo del río Napo en el sur y oeste, y con el río Algodón al norte.

Los Maijuna han vivido en ese territorio por milenios cazando, pescando, y recolectando recursos del bosque. Allí han nacido, vivido y fallecido sus ancestros. Allí se encuentran sus lugares sagrados y permanecen sus historias y tradiciones. Este paisaje casi intacto les pertenece, y significa para ellos el pasado, el presente y el futuro. Los Maijuna han establecido una alianza con el Field Museum para sustentar su iniciativa de proteger sus tierras bajo el modelo de un área de conservación regional; un modelo que ya está funcionando en la cuenca del Tahuayo.

Para comprobar este sustento, el equipo biológico visitó dos sitios, uno en la cuenca del Napo y otro en la del Putumayo. Los científicos ingresaron a la zona de estudio por el río Yanayacu, afluente del Napo, arribando a las comunidades Maijuna de Puerto Huamán y Nueva Vida. De ahí, surcaron este río hasta sus nacientes, en la desembocadura de la quebrada Curupa, la cual precisamente dio nombre al primer campamento donde el equipo permaneció cuatro días. Luego, los científicos caminaron con sus pesadas mochilas por casi 12 kilómetros hasta un campamento intermedio ubicado en una pequeña quebrada que fluye hacia el Putumayo llamada “Chino,” cruzando previamente la divisoria de aguas. Después de un día y medio de muestreo, el equipo continuó su camino hasta el segundo campamento en la quebrada Piedras, totalizando 18 kilómetros de caminata desde Curupa. En este campamento llamado “Piedras,” los biólogos permanecieron también cuatro días investigando antes de emprender el retorno a Curupa.

Los científicos encontraron una diversidad muy alta en todos los organismos estudiados. En menos de tres semanas se registraron 800 especies de plantas (2,500 especies estimadas para toda la zona), 366 aves (500 estimadas) y 32 mamíferos grandes (58 estimados). Asimismo, los herpetólogos hallaron 65 anfibios y 41 reptiles, estimándose 80 especies para cada uno de estos grupos de organismos; y los ictiólogos registraron 132 peces para un estimado total de 240 especies. En total, el equipo exploró más de 50 kilómetros de trochas, muestreando una gran diversidad de hábitats como bosques de quebrada, planicies inundables de río y pantanos, restingas antiguas, colinas bajas, y colinas o terrazas altas y planas a las cuales están llamando “mesetas amazónicas.”

Los entendidos manifestaron que fuertes gradientes caracterizan la propuesta ACR Maijuna. En la parte sur, en la cuenca del Yanayacu, existen colinas bajas con suelos de fertilidad intermedia con evidencia clara y reciente de caza intensiva y tala selectiva. En el norte, en la cuenca del Algodoncillo,  están las “mesetas amazónicas” con suelos infértiles y una flora y fauna intacta. Esta variación se manifiesta a muy pequeña escala. Menos de 20 kilómetros separan los dos sitios muestreados, y menos de 120 metros separan los puntos más altos y bajos en el paisaje. Sin embargo, los resultados son radicales, con las gradientes de suelos y topografía creando condiciones propicias para una enorme diversidad en todos los grupos.

Ya que se trata de un trabajo colaborativo, los pobladores Maijuna fueron clave a la hora de construir los campamentos y por supuesto aportaron en todo momento sus vastos conocimientos de flora y fauna, ya que nadie conoce las riquezas de estos sorprendentes bosques mejor ellos.

Durante la presentación del 6 de noviembre en Iquitos, a la que asistieron numerosos pobladores Maijuna, los diferentes grupos de científicos expusieron breves pero magistrales ponencias sobre los resultados y hallazgos del inventario. Entre las principales amenazas a estos frágiles bosques se identificó la propuesta de carretera de Bellavista a El Estrecho, con una franja de 5 kilómetros de desarrollo a cada lado del eje vial. También, preocupa mucho la tala ilegal de madera.

El equipo recomendó enfáticamente la creación del Área de Conservación Regional Maijuna para proteger el territorio ancestral y sus altos valores biológicos y culturales. Asimismo, recomendó la detención de las amenazas principales al ACR Maijuna, proponiendo el replanteamiento del proyecto de la mencionada carretera y buscar alternativas más viables debido a los importantes valores del área, la visión de conservación y manejo sostenible de recursos naturales ya establecida y puesta en práctica por el PROCREL, y la implementación de la ordenanza regional de protección de cabeceras. Yván Vasquez, presidente de la región, precisamente enfatizó que su gestión no está en contra del desarrollo, pero que las propuestas deben ser bien pensadas y planificadas antes de su aprobación, y además, que la calidad de vida de la gente y el impacto ambiental deberían ser las principales consideraciones a ser evaluadas.

Los Maijuna han sabido cuidar y valorar sus territorios ancestrales por milenios. Cuando uno de los pobladores Maijuna pidió la palabra durante la presentación, éste preguntó simplemente a los otros Maijuna presentes si ellos estaban de acuerdo con la carretera, a lo que todos manifestaron su tajante negativa en su idioma nativo.

 

 

Cosechando el aguaje: tributo de los Maijuna a la sostenibilidad

Julio 14, 2009 por bloghabitat

La profunda herida continúa abierta, y continuará así por mucho tiempo. Mucho se ha escrito y hablado sobre los hechos del “Baguazo”, así que desde esta columna me limito simplemente a comentar que tan lamentable tragedia pudo haberse evitado. Las cuestionadas y ahora derogadas leyes amenazaban seriamente los recursos de nuestra Amazonía y debieron haber sido consultadas con las poblaciones indígenas y sus bases.

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Casi todo el país piensa así según las últimas encuestas y eso significa no solo 400 mil peruanos (y bien peruanos), quienes con todo derecho reclaman la integridad de sus tierras. Desde aquí, prefiero hacer llegar algunas iniciativas de los pueblos indígenas, los cuales no solo sienten un gran respeto por las tierras que los vieron nacer, sino que también, pese a las circunstancias, vislumbran un futuro de esperanza para las generaciones venideras. Un claro ejemplo es el de la cosecha del aguaje.

 Pujando por la conservación de un área

Tuve la grata oportunidad de pasar unos días con los Maijuna (familia lingüística Tucano), en la quebrada Yanayacu, afluente del Napo, en las comunidades de Puerto Huamán y Nueva Vida. Estas apacibles comunidades ubicadas a orillas de la hermosa quebrada son dos de solo cuatro comunidades Maijuna existentes.

El Proyecto de Apoyo al PROCREL, juntamente con la Federación de Comunidades Maijuna (FECONAMAI) ha venido trabajando con éstas y las otras dos comunidades Maijuna: Sucusari (también conocida como Orejones, en la quebrada Sucusari) y San Pablo de Totolla en el río Algodón, para el establecimiento de un Área de Conservación Regional. De decretarse, esta área de conservación propuesta protegería cerca de 224,000 hectáreas de ricos bosques amazónicos ancestrales en los distritos de Napo y Putumayo, en la provincia de Maynas en Loreto. Las cuatro comunidades tienen cerca de 470 habitantes (alrededor de 100 familias). Los pobladores pertenecientes a la etnia Maijuna son más conocidos como “Orejones,” debido a las antiguas costumbres que tenían de aumentar el tamaño de sus orejas al insertar gruesos discos en sus lóbulos. El último de los “Orejones” del Yanayacu que utilizaba estos ornamentos fue Mauricio Tamayo, quien murió hace 13 años. Los Maijuna han colocado una estatua de bronce (esculpida y donada por un artista sueco) del antiguo poblador en la pequeña plaza de Puerto Huamán.

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Prácticas saludables

Los Maijuna han mantenido muchas de sus costumbres al igual que su idioma. A su vez, están muy comprometidos con el uso de sus recursos naturales. Uno de los proyectos que ya está rindiendo sus frutos es el de la cosecha de racimos de la palmera de aguaje (Mauritia flexuosa). Los escamosos y muy apreciados frutos de esta importantísima especie amazónica, crecen a menudo a más de 20 metros de altura, por lo que ahora muchos de los miembros de las comunidades Maijuna ya han sido capacitados para subir por los troncos utilizando “subidores” o arneses especiales, los cuales les permiten cosechar el recurso sin necesidad de cortar la palmera.

Gracias a la iniciativa de los hermanos Flores de la localidad de Parinari en el Marañón, los cuales son duchos en estos métodos de recolección de bajo impacto, ahora los Maijuna también emplean los subidores para cosechar aguaje. El sistema consiste en tres pretinas que se ajustan a la palmera en dos diferentes niveles. De las dos superiores una es para sostener al trepador y la otra es para seguridad del mismo, la de abajo, también llamada “pisador,” se utiliza justamente para impulsarse con el pie, liberando así la presión de las dos pretinas superiores, las cuales se suben aprovechando el impulso de las piernas. En síntesis cuando el trepador se cuelga de la pretina de arriba puede subir el pisador, y cuando aplica la fuerza a este último se suben las pretinas de arriba, y así sucesivamente hasta llegar al cogollo de la palmera.

A esa altura, el cosechador corta con el machete los racimos que contienen numerosos aguajes. Muchos miembros de las comunidades Maijuna, entre los que se encuentran hombres, mujeres y niños, han sido exitosamente capacitados para subir y cosechar el aguaje. Con los subidores también se puede cosechar distintas especies como el ungurahui (Oenocarpus bataua), palmera cuyo fruto es también muy consumido en la zona.

El bosque en pie rinde frutos 

Lo más interesante de todo es que ya se están vendiendo los sacos de aguaje a diferentes “chupeterías,” heladerías y restaurantes de Iquitos, así que el proyecto está teniendo un éxito palpable y los pobladores Maijuna así lo entienden, hecho que los motiva aún más para seguir con la cosecha sostenible. Ahora, emulando el éxito de las comunidades del Tahuayo, los Maijuna aprenderán también a confeccionar hermosas artesanías con las fibras de la palmera chambira (Astrocaryum chambira). Los valores del bosque en pie son ilimitados. El bosque nos brinda directamente servicios sumamente beneficiosos, ya que absorbe enormes cantidades de carbono, limpia el agua, protege las cuencas, alberga una diversidad biológica y cultural extraordinaria, ofrece calidad de vida a sus habitantes. Encima de todas estas y muchas otras bondades invaluables, el bosque en pie también puede generar ingresos en efectivo.

Los pobladores locales conocen muy bien la Amazonía desde hace muchísimos años, así que no es iluso pensar que con programas serios de capacitación y sobretodo de aprendizaje mutuo, ellos pueden demostrar que la selva sí puede producir valor monetario sin ser contaminada, degradada, o deforestada. Si se continúan perdiendo los bosques del planeta se tendrían que gastar sumas incalculables de dinero para poder filtrar el agua, para producir suelos, para regenerar recursos forestales que mitigan el cambio climático. Toda esa millonaria inversión jamás podría reemplazar, o siquiera acercarse a la riqueza original del bosque en pie. Si somos capaces de conservar los irremplazables ecosistemas naturales, podemos recién pensar en cosechar y generar ingresos sin destruir. Si se siguen difundiendo iniciativas como la de la cosecha del aguaje por los pueblos de nuestra vasta selva, y sobretodo si se llevan a la práctica, entonces podremos llegar a pensar en que sí es posible conservar los bosques con programas sostenibles; con actividades compatibles con las complejas dinámicas del bosque.

Diarios de Bicicleta: Confesiones de Invierno desde Chicago

Marzo 3, 2009 por bloghabitat

Viernes 16 de enero de 2009. Son cerca de las 7:30 de la mañana y cuesta mucho trabajo reunir los ánimos suficientes como para aventurarse a salir a las gélidas calles de Chicago. Pero bueno, no queda otra, hay que salir a chambear nomás. La estación meteorológica de TV había pronosticado temperaturas “brutales,” y casi “exigía” sumo cuidado a la hora de salir. A mi me gusta más llamarlas “temperaturas extremas” (brutales son las actividades humanas que están causando el peligroso y muchas veces ignorado cambio climático).

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Cambiando costumbres

El ser humano tiende a menospreciar e incluso a satanizar los fenómenos que le son inconvenientes. Por ejemplo, nos quejamos de la tan necesitada lluvia por el simple hecho que nos moja. Nos referimos a menudo a que “el cielo se está limpiando” (¡como si estuviera sucio! aunque la precipitación ácida pueda dar algo de razón a esta expresión) en vez de decir está despejando, o por lo menos “clareando.” Nos referimos siempre a “climas inclementes” cuando somos nosotros los auténticos inclementes que con actividades nocivas promovemos el cambio de clima en la tierra (para citar un ejemplo, los huracanes son una especie de medio natural que se produce en la tierra para aliviar en algo el calentamiento global; mientras más calentemos el planeta más huracanes habrá).

Regresando al frío de Chicago, para salir en condiciones tan extremas, especialmente si uno se va a trabajar en bicicleta, es preciso vestirse de manera adecuada: Varias capas de ropa térmica, desde delgadas pero tupidas prendas de ropa interior de invierno, hasta una buena casaca (ese inolvidable 16 de enero tuve que usar una casaca que me regalaron cuando visité la Antártida hace más de diez años). En medio, dos capas térmicas delgadas adicionales y una casaca de Polartec. Encima de la pantaloneta de ciclismo, un buzo térmico y un pantalón impermeable-cortaviento. Para las manos un par de guantes polares cubiertos por mitones para temperaturas mínimas, los cuales dificultan un poco el accionamiento de los cambios y frenos (hay unos especiales para ciclismo de invierno que se parecen un poco a las patas de Condorito pero cuestan casi 100 dólares el par, así que opté por adquirir los mitones convencionales). Tres pares de medias-primero uno delgado, luego uno de neoprene y al final uno de tela polar-cubren los pies (aun así los dedos llegan entumecidos en los días más fríos). Una máscara especial con un agujero para la nariz y otros más pequeños para la boca para poder respirar nos da un poco la apariencia de Hannibal Lecter; y finalmente el infaltable gorro bajo el indispensable casco. En síntesis, solo quedan expuestos los ojos. Vestirse demora como 15 minutos entonces hay que calcular bien para llegar a tiempo.

Comienza la aventura. Además de la hora, el letrero electrónico de un banco local informa-como sacando cachita-”-17°F” (lo cual equivale a -27°C). La gente que recorre las calles-en especial aquellos bien calientitos al volante de sus carros-te mira como a bicho raro (¡si supieran que se trata de un peruano que está acostumbrado a trabajar en la selva tropical a temperaturas que apuntan al otro extremo del termómetro!). Igual tendría que caminar unos 15 minutos en total, entre la ida de mi casa al paradero del tren y el tramo del tren al campus del Museo, entonces si de todos modos me voy a morir de frío caminando, prefiero hacerlo en bicicleta nomás.

“Masa crítica”

La ciudad de Chicago ha acondicionado una extraordinaria ciclovía que recorre la ciudad de norte a sur por unos 40 kilómetros bordeando al enorme lago Michigan. De mi casa al Field Museum son unos 13 kilómetros. Ya sea con el frío extremo o el calor insoportable de más de 35°C del verano, uno se vuelve adicto a sus cerca de 40 minutos de bicicleta (hora y veinte en total ida y vuelta). A parte del ejercicio uno contribuye con el medio ambiente, ya que los ciclistas evitamos el uso de combustible fósil que conlleva a la liberación de toneladas de gases invernadero que ocasionan el calentamiento global. También, uno ahorra en gasolina y, en mi caso, en pasajes-los cuales están cada vez más caros, especialmente durante estos tiempos de recesión aquí en los Estados Unidos-ya que viviendo en medio de una ciudad como Chicago, uno puede prescindir del carro (en serio), porque además de las diferentes ciclovías que recorren toda la ciudad, el sistema de transporte público es bastante eficiente y, sobretodo, confiable.

Por supuesto muchos conductores respetan a los ciclistas, pero dado que la metrópolis es tan grande ya han ocurrido varios accidentes, algunos fatales, lo que ha dado pie a una inmensa protesta de ciclistas por todo Chicago la cual llaman “Critical Mass.” Aunque no se trata de una protesta directa contra los accidentes, se sabe que la masiva bicicleteada que se hace los últimos viernes de cada mes es una clara señal de desaprobación contra el uso excesivo (y exagerado) de vehículos, grandes y consabidos co-culpables del cambio climático (http://chicagocriticalmass.org). Cientos de ciclistas, ejerciendo su absoluto derecho constitucional, toman las calles del centro de la ciudad de Chicago. El evento recuerda a los pobladores, en especial a los motorizados, que las calles también pertenecen a los peatones, ciclistas, corredores, etc. Tomar parte de semejante experiencia es algo inolvidable. Esta suerte de demanda masiva no se hace solo en Chicago sino en otras 300 ciudades del planeta, incluyendo Nueva York, San Francisco, Paris, Londres, Berlín, Praga, Sidney, Sao Paulo, etc. La verdad es que no me imagino algo así en Lima, teniendo en cuenta la prepotencia e imprudencia de los conductores de los miles de micros, combis y ticos, los que literalmente han invadido y sembrado el caos por toda la ciudad.

Nostalgia de invierno

Por más que el largo invierno de Chicago se prolonga desde noviembre hasta abril, tiene cierta magia cletear junto al lago durante esta estación. Pensar que mi aventura de ciclismo en invierno se originó de una apuesta que hice hace algunos años con un estudiante cuando enseñaba ciencias medioambientales en la escuela Noble aquí en Chicago. Mi alumno me apostó que yo no iba a ser capaz de ir montando bicicleta al colegio en invierno. Por supuesto gané la apuesta, y mi alumno tuvo que hacerse cargo del programa de reciclaje del colegio (si yo hubiese perdido hubiera tenido que comprarle una pizza).

A veces cae una nevada de más de seis pulgadas sobre la región, y en menos de tres horas ya despejaron la ciclovía. Eso demuestra la conciencia que tienen aquí para facilitar el uso de la bicicleta como medio de transporte, así seamos apenas un puñado de locos los que nos transportamos en dos ruedas bajo cero, entre ellos mis colegas Corine Vriesendorp y Nathan Strait, autor de la foto que abre este artículo. Justamente el año pasado mientras me encontraba camino al Museo, también durante uno de los días más fríos, divisé la silueta de otro ciclista que estaba tomando fotos del amanecer sobre el lago nevado. Cuando me percaté de que se trataba de Nathan, osé invadir el campo visual de su pequeña cámara digital ya que consideré que se trataba de una oportunidad ideal para contar con algún tipo de evidencia gráfica para un futuro artículo (éste).

Cuando la nevada acaba de caer, no queda otra que pedalear con fuerza, algo así como pedalear en la arena pero con menos esfuerzo ¡aunque igual cansa! Una vez durante una intensa nevada me demoré como una hora y diez minutos en llegar al Museo, como media hora más de lo normal. Llegué exhausto. A veces la textura de la nieve que cae es suave, y ahí no hay tanto problema, pero a veces precipita en forma de hielitos minúsculos y puntiagudos, los cuales se sienten algo así como una “acupuntura en los ojos” por lo que he optado por añadir a mi disfraz de robot unas gafas para esquiar, las cuales por suerte conseguí en oferta gracias a que el invierno no está lejos de llegar a su fin.

Durante el verano la ciclovía es prácticamente “invadida” por numerosos corredores, caminantes (algunos de ellos paseando a sus perros), patinadores y por supuesto cientos de ciclistas. Aunque admiro el espíritu de la gente de disfrutar del aire libre durante los meses de verano-lo cual se entiende perfectamente considerando el crudo invierno-se hace muy difícil pedalear libre- y velozmente. Sé que puedo pecar de egoísta, pero aunque parezca increíble en medio de la congestión veraniega en la ciclovía no puedo evitar remembrar con nostalgia la tranquilidad de las solitarias jornadas invernales en bicicleta.

¿Sales o no sales?

La manera como la ciudad de Chicago derrite la nieve y el hielo es esparciendo toneladas de sales por todas las pistas, veredas y también en la ciclovía. Tengo que aceptar que por un lado resulta conveniente para poder trasladarse, ya que la ciudad se paralizaría si la gente no tuviese cómo acudir a sus centros de trabajo y/o de estudio. El problema es que muchas de esas toneladas de sal van a parar al lago Michigan y a los ríos Chicago y Des Plaines, los principales de la ciudad. Se utilizan distintos tipos de sales como sulfato de amonio, acetato de potasio, cloruro de sodio, urea, todas corrosivas y dañinas para la vegetación y la calidad del agua (estos químicos dañan también el concreto y por supuesto los componentes de la bicicleta!). El lago Michigan, el segundo más grande de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica después del lago Superior, tiene una extensión de poco más de 58,000 km². Este lago es siete veces más grande que el lago Titicaca, y baña las costas de cuatro estados: Wisconsin, Illinois, Indiana y Michigan. No se conoce a ciencia cierta cuánta sal tendría que llegar al lago para causar grados alarmantes de contaminación.

Un problema que siempre advertí y alerté a los pobladores locales cuando trabajé en las diferentes comunidades en la selva, es el abuso de fertilizantes, especialmente aquellos ricos en nitrógeno. Es sabido que el uso desmedido de nutrientes en especial de nitrógeno causa un fenómeno llamado eutrofización o eutrificación. El agua, al saturarse de nutrientes, promueve la proliferación de algas la cual inhibe el crecimiento normal de otros organismos naturales que alimentan a peces y que a la postre alimentan al ser humano. En otras palabras el exceso de nitrógeno que va a parar al agua promueve “la muerte lenta” de los ríos y lagos. Inclusive hay muchas fábricas de fertilizantes que para vender más, inescrupulosamente recomiendan el doble de las cantidades necesarias de fertilizantes. ¡Todo un crimen! Bueno, lamentablemente en Chicago y otras ciudades donde el frío es extremo, se están haciendo cada vez más estudios para evitar la corrosión del concreto y metal de los carros en vez de hacer mayores estudios para inventar un producto que derrita la nieve, que sea económico y que a la vez no contamine el agua. Todo un reto.

Hielo negro

Cuando la temperatura se eleva momentáneamente por encima de los cero grados centígrados, se derrite parcialmente la nieve. Luego vuelve a bajar abruptamente la temperatura con lo que se congelan los charcos, formándose el infame “black ice” o hielo negro, que al ser del mismo color oscuro del pavimento no se nota. A veces uno entra “planchado” a una curva y en cuestión de décimas de segundo termina “oreja al piso.” Durante el invierno del año pasado aterricé de rodilla por culpa de una de esas trampas de hielo negro lo cual me mantuvo inactivo durante dos semanas. El mejor remedio para recuperarme: seguir montando bicicleta. Ahora cuando hay demasiado hielo tengo que usar unas rodilleras de “downhill” para evitar mayores lesiones, un aditamento más para el ya bastante pesado traje de Robocop. El frío es intenso, el viento que sopla con fuerza del norte no deja avanzar, las sales dañan la bicicleta, los cambios casi no responden, la cadena se atraca. ¿Cómo es posible seguir con la adicción a la bicicleta? Creo que la respuesta está en la dosis diaria de aire puro, en la necesidad de estar al aire libre, así sea en invierno y en plena ciudad, pero sobretodo en la necesidad imperiosa de ser responsable con el medio ambiente, especialmente en estos tiempos.

Muchos países, en especial en el sudeste asiático utilizan la bicicleta como medio principal de transporte. Aunque es algo utópico pretender que algún día llegaremos a lograr algo así en el Perú, los soñadores justamente tenemos derecho a eso, a soñar, pero también a pensar en serio en el momento en que el combustible fósil se acabe (esperemos que antes que éste haya acabado con el planeta), y aunque cada vez se está utilizando más la energía renovable como los paneles solares o molinos de viento, no es de locos pretender que el ser humano pueda generar a gran escala su propia energía e impulsarse a sí mismo para contribuir con el cuidado ambiental de su hogar: el planeta Tierra.

GOREL crea área protegida de casi un millón de hectáreas

Enero 8, 2009 por bloghabitat

Nada tan grato como compartir una buena noticia. Desde Loreto nos llegó la excelente noticia de la aprobación por parte del Gobierno de esa región (GOREL) del Área de Conservación Regional (ACR) Nanay-Pintuyacu-Chambira.

 

El 14 de diciembre quedará como una fecha histórica dentro de la lucha para la conservación de los bosques de nuestra Amazonía, ya que el GOREL declaró por unanimidad la creación del ACR Nanay-Pintuyacu-Chambira de 953,001 hectáreas. Desde la vecina comunidad de San Antonio, Yván Vásquez Valera, presidente de la región, hizo el anuncio en presencia de las autoridades comunales. La declaratoria representa una inyección de esperanza para la protección y manejo sostenible de los recursos en la zona.

 

 

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Como antecedente puedo recordarles el inventario rápido que realizamos con The Field Museum de Chicago en agosto de 2006. Gracias a la iniciativa de GOREL, llevamos a cabo una investigación biológica en tres campamentos en las cabeceras de los ríos Nanay, Mazán y Arabela. El trabajo social se condujo en 11 comunidades clave localizadas en esas cuencas. Con los resultados obtenidos del inventario, los biólogos que participaron en el estudio estimaron la presencia de 3,000-3,500 especies de plantas, 240 de peces, 80-100 de anfibios, 60-80 de reptiles, 500 de aves, y 59 de mamíferos grandes. En su oportunidad, publicamos el artículo “Aguas Sagradas, Inventario Rápido en Loreto” en la edición especial de aniversario de la revista Viajeros (Número 20/21, la del ocelote en la portada). A principios de año un equipo del Field también presentó el reporte correspondiente al inventario, incluyendo las recomendaciones para el área.

 

Esta flamante ACR se emplaza dentro de los bosques más ricos del planeta en cuanto a biodiversidad se refiere. Es la mayor en tamaño en la región y la tercera en ser creada luego de Tamshiyacu-Tahuayo y Ampiyacu-Apayacu, de casi medio millón de hectáreas cada una, sobre las que también comentamos (y aplaudimos) en su momento desde esta columna. La importancia de la nueva ACR es incalculable, ya que permitirá a las comunidades de la zona hacer un manejo sostenible de los recursos naturales. A su vez, mediante una gestión adecuada, sumada a un plan de capacitación e intercambio de experiencias provenientes de la sabiduría de las comunidades locales, se podrá garantizar la calidad del agua, no sólo para los poblados cercanos sino que incluso para la gran metrópoli de Iquitos, la mayor y más “sedienta” de la Amazonía peruana.  

 

La propuesta del ACR Nanay-Pintuyacu-Chambira, también fue cuidadosamente elaborada por el Programa de Conservación, Gestión y Uso de la Diversidad Biológica de la Región Loreto (PROCREL), responsable del cuidado de los bosques y de las aguas que los nutren. Asimismo, la iniciativa del gobierno regional y PROCREL están siendo apoyadas incondicionalmente por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y la ONG Naturaleza y Cultura Internacional (NCI).

Las Áreas de Conservación Regional se administran en coordinación con las instituciones locales y autoridades como las municipalidades, organismos públicos y privados y, lo más importante, con las comunidades nativas o campesinas vecinas o incluidas en estas  áreas. Al igual que todas las otras categorías de áreas naturales protegidas, las ACR son también patrimonio de la nación. Su establecimiento respeta los derechos originales de propiedad dentro del área. Según la ley de áreas naturales, las ACR pueden formar parte del SINANPE cuando las autoridades del ámbito nacional lo decreten. Se ha dado un paso enorme para la protección definitiva de estos bosques. Por el momento, quedamos a la espera de la resolución por parte del Estado que establezca finalmente el área de conservación para garantizar la existencia de las especies a través de las futuras generaciones.  

Dureno: Bosque Cautivo, publicado el 29 de setiembre de 2008

Septiembre 29, 2008 por bloghabitat

Me encuentro nuevamente en Quito trabajando una vez más con los amigos de la Fundación Sobrevivencia Cofan en el preámbulo de un nuevo inventario rápido en esta nación vecina. Los dos últimos inventarios fueron justamente aquí en el Ecuador; en octubre del año pasado en Cuyabeno y Güeppí (ver edición impresa de Viajeros # 26) donde el estudio se hizo en conjunto con Perú, y unos meses antes en Dureno, un pequeño territorio a orillas del río Aguarico que los indígenas Cofan defienden fervientemente hasta el día de hoy. Les presento en esta oportunidad un artículo del inventario en Dureno que escribí para la revista ecuatoriana de actualidad Vistazo, en su edición del 16 de agosto de 2007.  

Sebastián y Corinne, guia y cientifica en plena faena.
Sebastián y Corinne, guía y científica en plena faena.

Debido a la fuerte presión ejercida por la actividad petrolera, los bosques del Territorio Dureno en la provincia de Sucumbíos se ven cada vez más amenazados. Un equipo interdisciplinario conformado por la Comuna Cofan Dureno, la Fundación Sobrevivencia Cofan, el Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales, y el Field Museum de Chicago se internó en el Territorio para conducir un inventario biológico rápido. El propósito de este inventario sin precedentes, ya que combinó experiencia científica y conocimientos tradicionales, era documentar los valores biológicos del Territorio para entender la importancia de una protección permanente de este bosque prácticamente en cautiverio. Los cofanes son defensores acérrimos de sus bosques, y dado que ya perdieron la mayor parte de sus tierras, vida silvestre y agua limpia, aguardan justicia.
El páramo era imponente. La carretera que une Quito con el oriente ecuatoriano atraviesa zigzagueante sus prominentes montañas, sus bosques de Polylepis y sus tierras volcánicas hasta finalmente descender a la selva en Sucumbíos. Randy Borman, hijo de misioneros norteamericanos traductores de la Biblia que llegaron a tierras cofanes en 1954, y director ejecutivo de la Fundación Sobrevivencia Cofan (FSC), comentaba durante el camino que más de 600 barriles de aguas de formación y otros componentes químicos se vierten diariamente en las cuencas que nutren el Territorio Cofan Dureno. Randy nació y se crió en la comunidad de Dureno y dio vida a FSC con el principal propósito de preservar a la comunidad indígena Cofan y su rica cultura, así como para conservar los bosques y sus recursos naturales dentro de los amenazados territorios. Mientras que Randy conversaba de rato en rato en Cofan con su esposa Amelia y sus hijos, mi mirada se centraba inevitablemente en el serpenteante oleoducto que transporta petróleo desde la Amazonía, el cual sigue paralelamente todo el camino hacia Lago Agrio. Su presencia catapultaba la imaginación hacia las miles de hectáreas de bosques que han sido seriamente contaminadas, no sólo en Ecuador sino por toda la Amazonía, por culpa de la ambiciosa explotación de hidrocarburos.

Perforando Ilusiones
Randy relataba también cómo desde mediados de los años 60, un consorcio creado entre las empresas Gulf y Texaco ingresaron al Territorio perforando pozos de explotación petrolera a lo largo de toda la región. La explotación se llevó a cabo ignorando por completo las regulaciones ambientales, empezando de esa manera la consecuente contaminación desenfrenada del complejo hidrográfico que irriga la región: el Pisorie (Pisurí), el Totoa Nai’qui (Aguas Blancas), el Cujavoe, el Tutuye (Teteye), el Tururu, y el Dureno en sí. A principios de los 70s el boom petrolero en Lago Agrio y la finalización de las carreteras trajeron una masiva inmigración que causó un grave impacto ambiental en el Territorio. Reaccionando ante esas presiones, miembros de la comunidad Cofan se vieron forzados a cortar los denominados “auto linderos” (trochas demarcadoras de límites) en 1974, para proteger áreas de uso inmediato en la zona sur del Aguarico. En 1977, el Instituto Ecuatoriano de Reforma Agraria y Colonización (IERAC) realizó un mapeo topográfico del territorio Cofan, y un año después Dureno recibió la titulación de un área de 9,469 hectáreas que ahora conforman el Territorio Dureno. Así se completó una red vial que mutilaba el bloque de bosque de Dureno. Luego ocurrió lo previsible: la red de carreteras fue envolviendo al Territorio poco a poco hasta que en 1978 Texaco culminó el camino que corre paralelo a la frontera occidental del los cofanes para poder acceder al campo petrolero de Guanta, lo que terminó aislando por completo a un territorio ancestral que pertenece a los indígenas Cofanes; área que en tiempos pasados representaba una vasta franja continua de bosques amazónicos y ahora ha quedado completamente fragmentada.

Luego de cinco horas de haber salido de Quito, llegamos finalmente a Lago Agrio. También conocida como Nueva Loja, esta pujante ciudad del oriente debe su progreso principalmente a la extracción de petróleo. Allí Randy me presentó a Roberto Aguinda, director y activo miembro de FSC, quien me apoyaría durante toda la etapa de preparación del inventario biológico rápido. Me alojé en casa de la familia de Roberto en Dureno (pequeño poblado Cofan que queda media hora al este de Lago Agrio), y luego recorrimos juntos parte del Territorio. Un “bosque cautivo”. Una isla de bosque primario casi intacto, pero fragmentado por donde se le mire, ya que está rodeado de carreteras, chacras y plantas petroleras incluyendo sus enmarañados sistemas de tuberías. Los cofanes quieren proteger este último segmento de bosque que les queda en la zona, y debido a eso pidieron apoyo al Field Museum para realizar el inventario, para recolectar así suficiente evidencia científica para darle protección definitiva y permanente al Territorio. Miembros de la Comuna Dureno, los cuales conocen el Territorio como la palma de su mano, se encargaron de construir los tres campamentos y sus sistemas de trochas, los cuales fueron preponderantes durante la investigación.

Un Equipo Diverso para un Bosque Diverso
Cuando el equipo de científicos arribó a la zona unas semanas después, nos internamos todos de inmediato en el primer campamento al que llamamos Pisorié Setsa’cco (península del río Pisorié), ubicado en una terraza plana de bosque 600 m al oeste del río Aguarico. No había tiempo que perder, así que luego de armar las carpas, los miembros del equipo empezaban casi de inmediato a evaluar la zona. Douglas Stotz, ornitólogo del Field Museum era el primero en levantarse, ya que las aves son muy activas con la primera luz del día. Fredy Queta Quenama, su contraparte Cofan lo acompañaba siempre durante las largas excursiones por todo el lugar. El carácter tranquilo de Fredy, sumado a su aguda vista, fue un excelente complemento para Doug. Debra Moskovits, vice presidenta de Medio Ambiente, Cultura y Conservación (ECCo) del Field Museum, coordinadora de los inventarios y amante de las aves, salía también antes de la aurora para luego incorporar sus valiosos registros a la lista. Durante el día, Randy y su equipo recorrían las trochas para registrar mamíferos grandes o los rastros que éstos iban dejando a su paso. Carlos Carrera del Museo Ecuatoriano de Ciencias Naturales (MECN) registraba muestras de macroinvertebrados en los esteros día y noche para evaluar la calidad del agua dado el problema de las aguas de formación mencionado líneas arriba.

El segundo campamento estaba ubicado tres kilómetros al sur de un caserío Cofan llamado Baboroé ubicado a orillas del Aguarico, así que le dimos el nombre del pequeño asentamiento a ese sitio de inventario. Como en el primer campamento, cada uno de los científicos del Field Museum, del MECN y de FSC tenía uno o más contrapartes cofanes los cuales fueron determinantes para el éxito del inventario. Mario Yánez-Muñoz y Juan Rivadeneira, ambos biólogos del MECN, salían durante la noche a recolectar muestras de anfibios y peces respectivamente, acompañados de Ángel, Edgar y John, de la Comuna Dureno. El equipo de botánicos liderado por Robin Foster y Corine Vriesendorp contaba con dos integrantes de lujo. Sebastián Descanse y Cristina Lucitante, de la comunidad Cofan Chandia Na’e jugaron un rol importantísimo dentro de este equipo gracias a su previo entrenamiento en etnobotánica y su inagotable disponibilidad. Robin, su adorable hijito de nueve meses de edad contribuyó a mantener en la cúspide el espíritu del grupo durante todo el estudio. Nuestro tercer sitio de inventario, Totoa Nai’qui (nombre Cofan del río Aguas Blancas), se encontraba unos 400 metros al este del límite occidental del Territorio dentro de la “Reserva Mundae”, un área de 1,928 hectáreas que los cofanes han zonificado para proteger poblaciones fuente de especies de caza para el resto del Territorio Dureno (“munda” significa huangana -Tayassu pecari- en Cofan). En este sitio, que fue el único donde se encontró grandes parches de bambú, se registró una alta diversidad de especies de mamíferos grandes.

Pese al aislamiento del Territorio, los científicos encontraron una diversidad muy alta en todos los organismos estudiados durante el inventario. En tan sólo 11 días de muestreo se observaron 800 especies de plantas, 283 aves, 27 mamíferos grandes, 48 anfibios, 31 reptiles, 54 peces y 63 macroinvertebrados acuáticos. En total exploramos 31 kilómetros de trochas, muestreando una gran diversidad de hábitats incluyendo planicies inundables de río, bajiales pobremente drenados, y colinas que fluctuaban entre 50 y 100 metros de altura. Es lamentable que varias especies ya hayan desaparecido del fragmento de bosque, como los guacamayos grandes, el mono chorongo (Lagothrix lagothricha) conocido por los cofanes como cushava con’si, y que fue visto por última vez en 1989, y la nutria gigante de río (Pteronura brasiliensis; en Cofan: sararo, avistada por última vez en 1964). El paujil pisoru (Crax globulosa), ave muy rara que solía frecuentar estos bosques, ya desapareció también para siempre del Territorio.

La Última Oportunidad
La imagen de satélite es elocuente. En ella se puede observar la férrea defensa que han implantado los cofanes durante las últimas décadas mediante un sistema de guardabosques comunales y regulaciones auto-impuestas de caza y pesca. El bosque remanente es una isla y podría desaparecer si sigue bajo presiones que cada vez son más imponentes. En el año 2003, ya se había realizado un inventario entre los cofanes y el Field Museum, el cual conllevó al Gobierno a tomar una decisión histórica: la declaración de la Reserva Ecológica Cofan-Bermejo, única área protegida del Ecuador coadministrada por un grupo indígena. Las recomendaciones del presente inventario fueron tajantes y unánimes: El Territorio Dureno, que se encuentra entre los biológicamente más ricos de Ecuador, es sumamente importante y debe ser protegido. No por 20 años ni por 100, sino como lo ven los cofanes, para las generaciones futuras. Para toda la vida. Reconocimiento por parte de las autoridades ecuatorianas sobre la importancia del bosque y de los esfuerzos de los cofanes en protegerlo será una vez más imprescindible para la conservación de una de las áreas más diversas del Ecuador y del planeta.