Centro de Investigaciones Jenaro Herrera, Loreto

febrero 26, 2010

Después de varias semanas, ya algo más tranquilo lejos de las sempiternas urgencias del  trabajo en la ciudad, puedo por fin escribir algo para mi casi abandonada columna, y esta vez es un gran placer hacerlo desde el Centro de Investigaciones Jenaro Herrera (CIJH) aquí en la selva loretana. Justo estuve reunido en Lima hace unos días con Anna Cartagena de Viajeros quien no pudo aguantarse y lanzó el certero dardo: “¿Oye, y que fue de tu ‘ex columna’?” Interrogante que me ha ayudado a juntar los ánimos suficientes para retomar el blog.

Desde el campo…

La tecnología actual permite que les pueda enviar esta nota desde el campo, algo que hace unos años hubiese parecido cosa de locos. Lugares donde he trabajado en el pasado, como el Tambopata Research Center, ahora cuentan con este lujo, al igual que el CICRA allá por el río Los Amigos. Precisamente pude visitar ese centro de investigaciones en 2002 también con un curso con The Field Museum, en ese entonces recién estaban haciendo las primeras pruebas para contar con Internet satelital, ahora he escuchado que funciona muy bien. Durante los numerosos inventarios rápidos que me ha tocado organizar, en lugares muy remotos por distintos rincones de nuestra Amazonía, jamás nos hemos comunicado vía Internet, aunque ahora existen aparatos con los que podríamos hacerlo sin muchos problemas. De hecho la tecnología moderna echa un poco a perder la mística incomparable de estar en el campo completamente incomunicado. En fin, si existe la posibilidad hay que aprovecharla, aunque tengo que confesar que me siento medio buitre tratando de quitarle la señal a otros que se conectaron antes que yo, parece que aquí el sistema no abastece a tantas máquinas a la vez.

Pasé unos días haciendo coordinaciones en Iquitos mientras que Ítalo Mesones, uno de nuestros líderes habituales de avanzada en inventarios rápidos, completaba de marcar parte del complejo sistema de trochas del CIJH. Nos preparábamos para albergar un numeroso grupo de científicos los que en estos momentos están tomando parte del curso de inventarios rápidos, tanto en la parte biológica como en la de caracterización social. Como para “calentar el curso” y motivar a los estudiantes organizamos el sábado 12 un simposio en el auditorio del Vicariato de Iquitos con las excelentes exposiciones magistrales de Pepe Álvarez, Alberto Chirif y Luisa Belaunde, todos muy entendidos en temas amazónicos. Al día siguiente, parte del grupo hicimos el recorrido de la carretera Iquitos – Nauta en camionetas, la cual más que una carretera parece un “calle” de casi 100 kilómetros. La vía en muchos tramos carece de bermas laterales lo cual pone en peligro la integridad de los habitantes de las comunidades ubicadas a los lados, muchos de ellos niños pequeños que juegan inocentemente en la pista o a escasos centímetros del paso de los raudos vehículos. En Nauta nos embarcamos y salimos aguas abajo brevemente por el Marañón hasta la confluencia con el Ucayali, allí donde se forma el Amazonas. Luego surcamos el Ucayali por un par de horas hasta llegar a la villa de Jenaro Herrera. Otros hicieron todo el trayecto en lancha desde Iquitos. 

Un inventario real

La idea era hacer el curso como si se tratara un inventario rápido verdadero para que los alumnos adquieran una experiencia completamente práctica. Los que han leído alguna vez mi columna deben tener una idea de cómo funcionan los inventarios rápidos, ya que en numerosas ocasiones he escrito sobre ellos detallando nuestras experiencias dentro de esta innovadora metodología de investigación científica. Por lo general, luego de revisar imágenes de satélite y sobrevolar las posibles áreas de estudio, escogemos tres campamentos para realizar las investigaciones, usando como criterio principal cubrir la mayor cantidad de hábitats posibles para enriquecer los resultados del inventario. Durante los inventarios rápidos no se busca producir una lista completa de la flora y fauna de la región. Más bien, nuestra meta es producir una evaluación de la manera más precisa y de primera mano en relación con la información requerida con mayor urgencia para poder tomar decisiones efectivas en cuanto a la conservación. Nuestro objetivo es enseñar a los participantes nuestra metodología para identificar, de la forma más rápida y exacta posible, las comunidades biológicas importantes en la región, y evaluar su calidad y condición. Durante el curso se planea identificar las comunidades y especies objetos de conservación, definir el contexto ecológico de estos objetos de conservación, y establecer la línea base para el futuro monitoreo, investigación e inventariado de la zona.

Aquí en los bosques circundantes al CIJH hemos escogido tres sitios, uno en bosque de terraza alta, otro en bosque inundable o bajial, y el otro en bosque de arena blanca o varillal. Los participantes postularon solo a un grupo de organismos a estudiar según su experiencia previa (aves, reptiles y anfibios, peces o plantas), así como también al componente social del curso, muchas veces olvidado en investigaciones de este tipo siendo uno de los más importantes. Robin Foster y Corine Vriesendorp de The Field Museum son los instructores de la parte de botánica y vegetación; Doug Stotz, también del Museo, junto a Juan Díaz dictan el componente de aves; Pablo Venegas del Centro de Ornitología y Biodiversidad (CORBIDI) y Marcelo Guerrero, científico boliviano del Centro de Investigación y Preservación de la Amazonía (CIPA) con sede en Pando, Bolivia, se encargan de los anfibios y reptiles; mientras que Max Hidalgo del Museo de Historia Natural de San Marcos, único científico que ha participado en todos los inventarios realizados en Perú por The Field Museum, junto a Homero Sánchez, ictiólogo del Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y docente de la Universidad Amazónica de Pando (UNAP) enseñan la parte de peces. Alaka Wali, antropóloga del Museo, junto a Mario Pariona y Tita Alvira, también del Field, están dictando el componente de caracterización social. El curso fue planificado principalmente para profesionales de Loreto y Pando, Bolivia. Después de un exhaustivo proceso de selección entre casi 200 postulantes, fueron elegidos 32 científicos; 17 de los cuales son loretanos, 10 bolivianos, 4 limeños y 1 cusqueño.

Interpretando el bosque

Los grupos son bastante heterogéneos. El equipo de ornitólogos sale poco después de las cinco de la mañana con la primera luz de la aurora para registrar a las diversas aves madrugadoras que de a pocos comienzan a endulzar el todavía fresco aire matutino con sus cantos. Apenas un par de horas antes regresan recién del monte los noctámbulos herpetólogos quienes durante la noche realizan sus hallazgos más importantes. Los botánicos e ictiólogos salen al bosque en horarios más cotidianos. Mientras los participantes con sus instructores recorren en el bosque, yo estoy encargado de documentar visualmente el curso mediante fotos y video. Como ahora estoy incursionando un poco más en serio en la fotografía macro, aprovecho para enviarles un par de ejemplos: Un primer plano del hermoso ojo de la rana arborícola Phyllomedusa tarsius, adornado con surrealistas tonalidades cobrizas y negras; y las espectaculares escamas tornasoladas de la serpiente coral Micrurus obscurus. Los equipos biológicos han terminado satisfactoriamente de inventariar el primer sitio del curso. Asimismo, los integrantes del equipo social continúan planificando las visitas a los pobladores de las comunidades cercanas al CIJH. Por lo pronto ya han conducido varias entrevistas y un taller en la villa de Jenaro Herrera. También pudimos ser testigos de las celebraciones carnavalescas en el pueblo, donde los “diablos” enmascarados correteaban por las calles y los pobladores embarrados y embalados con aguardiente de coco y masato tumbaban la umisha (yunza); también incluyo algunas fotos del carnaval.

Esta primera parte del curso terminó sin muchos contratiempos salvo por la picadura de escorpión que sufrió hoy nuestro instructor Homero Sánchez mientras el grupo se encontraba sacando muestras de peces. Como el tóxico veneno del arácnido ya empezaba a adormecer y agarrotar las extremidades del científico, tuvimos que llevarlo a la posta médica de Jenaro Herrera donde le aplicaron un fuerte antihistamínico. Ya de regreso en el Centro, Homero felizmente se está recuperando de manera satisfactoria.

En unos días más espero enviarles más alcances del curso desde el CIJH. Cualquier pregunta que tengan, ya sea dirigida a mí o a cualquiera de los científicos del curso espero poder responderla en los próximos días por esta vía. ¡Hasta pronto! 

Investigación en los bosques ancestrales de los Maijuna

noviembre 26, 2009

Después de varios meses retomo mi columna para compartir con ustedes una nota que publicamos junto al Proyecto de Apoyo al Procrel en Loreto, luego de un arduo proceso realizado hombro con hombro con los Maijuna para conducir un inventario rápido en sus tierras ancestrales. A continuación, las notas más saltantes de este trabajo en conjunto que esperemos brinde la protección que merecen estos bosques; protección que junto a un manejo sostenible garantizarían la integridad de estas tierras a perpetuidad.  

El equipo liderado por el Proyecto Apoyo al PROCREL, la Federación de Comunidades Nativas Maijuna (FECONAMAI) y The Field Museum de Chicago realizó un inventario biológico rápido como parte de las actividades de una iniciativa para crear un Área de Conservación Regional (ACR) dentro de territorios ancestrales de los indígenas Maijuna en Loreto. La evaluación incluyó muestreos en zonas frágiles de cabeceras de cuencas que drenan tanto a la cuenca del río Napo como a la del Putumayo dentro de la provincia de Maynas.

“Los bosques de Loreto no dejan de sorprenderme” afirmó Corine Vriesendorp, Directora del Programa de Inventarios Rápidos de The Field Museum de Chicago, en el auditorio del Vicariato Apostólico, durante la presentación de los resultados del inventario llevado a cabo recientemente en una propuesta ACR en la región. La bióloga se refería a las formaciones de colinas aparentemente únicas que los científicos estudiaron tanto desde el aire durante un sobrevuelo, como en el mismísimo corazón de los remotos bosques del norte de la propuesta. Y es que se encontró vegetación inusual y especies cuyas familias son aún desconocidas, inclusive para los miembros del experimentado grupo de botánicos.

El territorio ancestral de los indígenas Maijuna está emplazado en la selva amazónica nororiental del Perú, en el interfluvio entre los ríos Napo y Putumayo, donde 336,089 hectáreas han sido propuestas como un ACR. El área se encuentra a 60 kilómetros de Iquitos, y colinda con el ACR Ampiyacu-Apayacu hacia el este, con  varias comunidades distribuidas a lo largo del río Napo en el sur y oeste, y con el río Algodón al norte.

Los Maijuna han vivido en ese territorio por milenios cazando, pescando, y recolectando recursos del bosque. Allí han nacido, vivido y fallecido sus ancestros. Allí se encuentran sus lugares sagrados y permanecen sus historias y tradiciones. Este paisaje casi intacto les pertenece, y significa para ellos el pasado, el presente y el futuro. Los Maijuna han establecido una alianza con el Field Museum para sustentar su iniciativa de proteger sus tierras bajo el modelo de un área de conservación regional; un modelo que ya está funcionando en la cuenca del Tahuayo.

Para comprobar este sustento, el equipo biológico visitó dos sitios, uno en la cuenca del Napo y otro en la del Putumayo. Los científicos ingresaron a la zona de estudio por el río Yanayacu, afluente del Napo, arribando a las comunidades Maijuna de Puerto Huamán y Nueva Vida. De ahí, surcaron este río hasta sus nacientes, en la desembocadura de la quebrada Curupa, la cual precisamente dio nombre al primer campamento donde el equipo permaneció cuatro días. Luego, los científicos caminaron con sus pesadas mochilas por casi 12 kilómetros hasta un campamento intermedio ubicado en una pequeña quebrada que fluye hacia el Putumayo llamada “Chino,” cruzando previamente la divisoria de aguas. Después de un día y medio de muestreo, el equipo continuó su camino hasta el segundo campamento en la quebrada Piedras, totalizando 18 kilómetros de caminata desde Curupa. En este campamento llamado “Piedras,” los biólogos permanecieron también cuatro días investigando antes de emprender el retorno a Curupa.

Los científicos encontraron una diversidad muy alta en todos los organismos estudiados. En menos de tres semanas se registraron 800 especies de plantas (2,500 especies estimadas para toda la zona), 366 aves (500 estimadas) y 32 mamíferos grandes (58 estimados). Asimismo, los herpetólogos hallaron 65 anfibios y 41 reptiles, estimándose 80 especies para cada uno de estos grupos de organismos; y los ictiólogos registraron 132 peces para un estimado total de 240 especies. En total, el equipo exploró más de 50 kilómetros de trochas, muestreando una gran diversidad de hábitats como bosques de quebrada, planicies inundables de río y pantanos, restingas antiguas, colinas bajas, y colinas o terrazas altas y planas a las cuales están llamando “mesetas amazónicas.”

Los entendidos manifestaron que fuertes gradientes caracterizan la propuesta ACR Maijuna. En la parte sur, en la cuenca del Yanayacu, existen colinas bajas con suelos de fertilidad intermedia con evidencia clara y reciente de caza intensiva y tala selectiva. En el norte, en la cuenca del Algodoncillo,  están las “mesetas amazónicas” con suelos infértiles y una flora y fauna intacta. Esta variación se manifiesta a muy pequeña escala. Menos de 20 kilómetros separan los dos sitios muestreados, y menos de 120 metros separan los puntos más altos y bajos en el paisaje. Sin embargo, los resultados son radicales, con las gradientes de suelos y topografía creando condiciones propicias para una enorme diversidad en todos los grupos.

Ya que se trata de un trabajo colaborativo, los pobladores Maijuna fueron clave a la hora de construir los campamentos y por supuesto aportaron en todo momento sus vastos conocimientos de flora y fauna, ya que nadie conoce las riquezas de estos sorprendentes bosques mejor ellos.

Durante la presentación del 6 de noviembre en Iquitos, a la que asistieron numerosos pobladores Maijuna, los diferentes grupos de científicos expusieron breves pero magistrales ponencias sobre los resultados y hallazgos del inventario. Entre las principales amenazas a estos frágiles bosques se identificó la propuesta de carretera de Bellavista a El Estrecho, con una franja de 5 kilómetros de desarrollo a cada lado del eje vial. También, preocupa mucho la tala ilegal de madera.

El equipo recomendó enfáticamente la creación del Área de Conservación Regional Maijuna para proteger el territorio ancestral y sus altos valores biológicos y culturales. Asimismo, recomendó la detención de las amenazas principales al ACR Maijuna, proponiendo el replanteamiento del proyecto de la mencionada carretera y buscar alternativas más viables debido a los importantes valores del área, la visión de conservación y manejo sostenible de recursos naturales ya establecida y puesta en práctica por el PROCREL, y la implementación de la ordenanza regional de protección de cabeceras. Yván Vasquez, presidente de la región, precisamente enfatizó que su gestión no está en contra del desarrollo, pero que las propuestas deben ser bien pensadas y planificadas antes de su aprobación, y además, que la calidad de vida de la gente y el impacto ambiental deberían ser las principales consideraciones a ser evaluadas.

Los Maijuna han sabido cuidar y valorar sus territorios ancestrales por milenios. Cuando uno de los pobladores Maijuna pidió la palabra durante la presentación, éste preguntó simplemente a los otros Maijuna presentes si ellos estaban de acuerdo con la carretera, a lo que todos manifestaron su tajante negativa en su idioma nativo.

 

 

Cosechando el aguaje: tributo de los Maijuna a la sostenibilidad

julio 14, 2009

La profunda herida continúa abierta, y continuará así por mucho tiempo. Mucho se ha escrito y hablado sobre los hechos del “Baguazo”, así que desde esta columna me limito simplemente a comentar que tan lamentable tragedia pudo haberse evitado. Las cuestionadas y ahora derogadas leyes amenazaban seriamente los recursos de nuestra Amazonía y debieron haber sido consultadas con las poblaciones indígenas y sus bases.

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Casi todo el país piensa así según las últimas encuestas y eso significa no solo 400 mil peruanos (y bien peruanos), quienes con todo derecho reclaman la integridad de sus tierras. Desde aquí, prefiero hacer llegar algunas iniciativas de los pueblos indígenas, los cuales no solo sienten un gran respeto por las tierras que los vieron nacer, sino que también, pese a las circunstancias, vislumbran un futuro de esperanza para las generaciones venideras. Un claro ejemplo es el de la cosecha del aguaje.

 Pujando por la conservación de un área

Tuve la grata oportunidad de pasar unos días con los Maijuna (familia lingüística Tucano), en la quebrada Yanayacu, afluente del Napo, en las comunidades de Puerto Huamán y Nueva Vida. Estas apacibles comunidades ubicadas a orillas de la hermosa quebrada son dos de solo cuatro comunidades Maijuna existentes.

El Proyecto de Apoyo al PROCREL, juntamente con la Federación de Comunidades Maijuna (FECONAMAI) ha venido trabajando con éstas y las otras dos comunidades Maijuna: Sucusari (también conocida como Orejones, en la quebrada Sucusari) y San Pablo de Totolla en el río Algodón, para el establecimiento de un Área de Conservación Regional. De decretarse, esta área de conservación propuesta protegería cerca de 224,000 hectáreas de ricos bosques amazónicos ancestrales en los distritos de Napo y Putumayo, en la provincia de Maynas en Loreto. Las cuatro comunidades tienen cerca de 470 habitantes (alrededor de 100 familias). Los pobladores pertenecientes a la etnia Maijuna son más conocidos como “Orejones,” debido a las antiguas costumbres que tenían de aumentar el tamaño de sus orejas al insertar gruesos discos en sus lóbulos. El último de los “Orejones” del Yanayacu que utilizaba estos ornamentos fue Mauricio Tamayo, quien murió hace 13 años. Los Maijuna han colocado una estatua de bronce (esculpida y donada por un artista sueco) del antiguo poblador en la pequeña plaza de Puerto Huamán.

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Prácticas saludables

Los Maijuna han mantenido muchas de sus costumbres al igual que su idioma. A su vez, están muy comprometidos con el uso de sus recursos naturales. Uno de los proyectos que ya está rindiendo sus frutos es el de la cosecha de racimos de la palmera de aguaje (Mauritia flexuosa). Los escamosos y muy apreciados frutos de esta importantísima especie amazónica, crecen a menudo a más de 20 metros de altura, por lo que ahora muchos de los miembros de las comunidades Maijuna ya han sido capacitados para subir por los troncos utilizando “subidores” o arneses especiales, los cuales les permiten cosechar el recurso sin necesidad de cortar la palmera.

Gracias a la iniciativa de los hermanos Flores de la localidad de Parinari en el Marañón, los cuales son duchos en estos métodos de recolección de bajo impacto, ahora los Maijuna también emplean los subidores para cosechar aguaje. El sistema consiste en tres pretinas que se ajustan a la palmera en dos diferentes niveles. De las dos superiores una es para sostener al trepador y la otra es para seguridad del mismo, la de abajo, también llamada “pisador,” se utiliza justamente para impulsarse con el pie, liberando así la presión de las dos pretinas superiores, las cuales se suben aprovechando el impulso de las piernas. En síntesis cuando el trepador se cuelga de la pretina de arriba puede subir el pisador, y cuando aplica la fuerza a este último se suben las pretinas de arriba, y así sucesivamente hasta llegar al cogollo de la palmera.

A esa altura, el cosechador corta con el machete los racimos que contienen numerosos aguajes. Muchos miembros de las comunidades Maijuna, entre los que se encuentran hombres, mujeres y niños, han sido exitosamente capacitados para subir y cosechar el aguaje. Con los subidores también se puede cosechar distintas especies como el ungurahui (Oenocarpus bataua), palmera cuyo fruto es también muy consumido en la zona.

El bosque en pie rinde frutos 

Lo más interesante de todo es que ya se están vendiendo los sacos de aguaje a diferentes “chupeterías,” heladerías y restaurantes de Iquitos, así que el proyecto está teniendo un éxito palpable y los pobladores Maijuna así lo entienden, hecho que los motiva aún más para seguir con la cosecha sostenible. Ahora, emulando el éxito de las comunidades del Tahuayo, los Maijuna aprenderán también a confeccionar hermosas artesanías con las fibras de la palmera chambira (Astrocaryum chambira). Los valores del bosque en pie son ilimitados. El bosque nos brinda directamente servicios sumamente beneficiosos, ya que absorbe enormes cantidades de carbono, limpia el agua, protege las cuencas, alberga una diversidad biológica y cultural extraordinaria, ofrece calidad de vida a sus habitantes. Encima de todas estas y muchas otras bondades invaluables, el bosque en pie también puede generar ingresos en efectivo.

Los pobladores locales conocen muy bien la Amazonía desde hace muchísimos años, así que no es iluso pensar que con programas serios de capacitación y sobretodo de aprendizaje mutuo, ellos pueden demostrar que la selva sí puede producir valor monetario sin ser contaminada, degradada, o deforestada. Si se continúan perdiendo los bosques del planeta se tendrían que gastar sumas incalculables de dinero para poder filtrar el agua, para producir suelos, para regenerar recursos forestales que mitigan el cambio climático. Toda esa millonaria inversión jamás podría reemplazar, o siquiera acercarse a la riqueza original del bosque en pie. Si somos capaces de conservar los irremplazables ecosistemas naturales, podemos recién pensar en cosechar y generar ingresos sin destruir. Si se siguen difundiendo iniciativas como la de la cosecha del aguaje por los pueblos de nuestra vasta selva, y sobretodo si se llevan a la práctica, entonces podremos llegar a pensar en que sí es posible conservar los bosques con programas sostenibles; con actividades compatibles con las complejas dinámicas del bosque.

Diarios de Bicicleta: Confesiones de Invierno desde Chicago

marzo 3, 2009

Viernes 16 de enero de 2009. Son cerca de las 7:30 de la mañana y cuesta mucho trabajo reunir los ánimos suficientes como para aventurarse a salir a las gélidas calles de Chicago. Pero bueno, no queda otra, hay que salir a chambear nomás. La estación meteorológica de TV había pronosticado temperaturas “brutales,” y casi “exigía” sumo cuidado a la hora de salir. A mi me gusta más llamarlas “temperaturas extremas” (brutales son las actividades humanas que están causando el peligroso y muchas veces ignorado cambio climático).

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Cambiando costumbres

El ser humano tiende a menospreciar e incluso a satanizar los fenómenos que le son inconvenientes. Por ejemplo, nos quejamos de la tan necesitada lluvia por el simple hecho que nos moja. Nos referimos a menudo a que “el cielo se está limpiando” (¡como si estuviera sucio! aunque la precipitación ácida pueda dar algo de razón a esta expresión) en vez de decir está despejando, o por lo menos “clareando.” Nos referimos siempre a “climas inclementes” cuando somos nosotros los auténticos inclementes que con actividades nocivas promovemos el cambio de clima en la tierra (para citar un ejemplo, los huracanes son una especie de medio natural que se produce en la tierra para aliviar en algo el calentamiento global; mientras más calentemos el planeta más huracanes habrá).

Regresando al frío de Chicago, para salir en condiciones tan extremas, especialmente si uno se va a trabajar en bicicleta, es preciso vestirse de manera adecuada: Varias capas de ropa térmica, desde delgadas pero tupidas prendas de ropa interior de invierno, hasta una buena casaca (ese inolvidable 16 de enero tuve que usar una casaca que me regalaron cuando visité la Antártida hace más de diez años). En medio, dos capas térmicas delgadas adicionales y una casaca de Polartec. Encima de la pantaloneta de ciclismo, un buzo térmico y un pantalón impermeable-cortaviento. Para las manos un par de guantes polares cubiertos por mitones para temperaturas mínimas, los cuales dificultan un poco el accionamiento de los cambios y frenos (hay unos especiales para ciclismo de invierno que se parecen un poco a las patas de Condorito pero cuestan casi 100 dólares el par, así que opté por adquirir los mitones convencionales). Tres pares de medias-primero uno delgado, luego uno de neoprene y al final uno de tela polar-cubren los pies (aun así los dedos llegan entumecidos en los días más fríos). Una máscara especial con un agujero para la nariz y otros más pequeños para la boca para poder respirar nos da un poco la apariencia de Hannibal Lecter; y finalmente el infaltable gorro bajo el indispensable casco. En síntesis, solo quedan expuestos los ojos. Vestirse demora como 15 minutos entonces hay que calcular bien para llegar a tiempo.

Comienza la aventura. Además de la hora, el letrero electrónico de un banco local informa-como sacando cachita-“-17°F” (lo cual equivale a -27°C). La gente que recorre las calles-en especial aquellos bien calientitos al volante de sus carros-te mira como a bicho raro (¡si supieran que se trata de un peruano que está acostumbrado a trabajar en la selva tropical a temperaturas que apuntan al otro extremo del termómetro!). Igual tendría que caminar unos 15 minutos en total, entre la ida de mi casa al paradero del tren y el tramo del tren al campus del Museo, entonces si de todos modos me voy a morir de frío caminando, prefiero hacerlo en bicicleta nomás.

“Masa crítica”

La ciudad de Chicago ha acondicionado una extraordinaria ciclovía que recorre la ciudad de norte a sur por unos 40 kilómetros bordeando al enorme lago Michigan. De mi casa al Field Museum son unos 13 kilómetros. Ya sea con el frío extremo o el calor insoportable de más de 35°C del verano, uno se vuelve adicto a sus cerca de 40 minutos de bicicleta (hora y veinte en total ida y vuelta). A parte del ejercicio uno contribuye con el medio ambiente, ya que los ciclistas evitamos el uso de combustible fósil que conlleva a la liberación de toneladas de gases invernadero que ocasionan el calentamiento global. También, uno ahorra en gasolina y, en mi caso, en pasajes-los cuales están cada vez más caros, especialmente durante estos tiempos de recesión aquí en los Estados Unidos-ya que viviendo en medio de una ciudad como Chicago, uno puede prescindir del carro (en serio), porque además de las diferentes ciclovías que recorren toda la ciudad, el sistema de transporte público es bastante eficiente y, sobretodo, confiable.

Por supuesto muchos conductores respetan a los ciclistas, pero dado que la metrópolis es tan grande ya han ocurrido varios accidentes, algunos fatales, lo que ha dado pie a una inmensa protesta de ciclistas por todo Chicago la cual llaman “Critical Mass.” Aunque no se trata de una protesta directa contra los accidentes, se sabe que la masiva bicicleteada que se hace los últimos viernes de cada mes es una clara señal de desaprobación contra el uso excesivo (y exagerado) de vehículos, grandes y consabidos co-culpables del cambio climático (http://chicagocriticalmass.org). Cientos de ciclistas, ejerciendo su absoluto derecho constitucional, toman las calles del centro de la ciudad de Chicago. El evento recuerda a los pobladores, en especial a los motorizados, que las calles también pertenecen a los peatones, ciclistas, corredores, etc. Tomar parte de semejante experiencia es algo inolvidable. Esta suerte de demanda masiva no se hace solo en Chicago sino en otras 300 ciudades del planeta, incluyendo Nueva York, San Francisco, Paris, Londres, Berlín, Praga, Sidney, Sao Paulo, etc. La verdad es que no me imagino algo así en Lima, teniendo en cuenta la prepotencia e imprudencia de los conductores de los miles de micros, combis y ticos, los que literalmente han invadido y sembrado el caos por toda la ciudad.

Nostalgia de invierno

Por más que el largo invierno de Chicago se prolonga desde noviembre hasta abril, tiene cierta magia cletear junto al lago durante esta estación. Pensar que mi aventura de ciclismo en invierno se originó de una apuesta que hice hace algunos años con un estudiante cuando enseñaba ciencias medioambientales en la escuela Noble aquí en Chicago. Mi alumno me apostó que yo no iba a ser capaz de ir montando bicicleta al colegio en invierno. Por supuesto gané la apuesta, y mi alumno tuvo que hacerse cargo del programa de reciclaje del colegio (si yo hubiese perdido hubiera tenido que comprarle una pizza).

A veces cae una nevada de más de seis pulgadas sobre la región, y en menos de tres horas ya despejaron la ciclovía. Eso demuestra la conciencia que tienen aquí para facilitar el uso de la bicicleta como medio de transporte, así seamos apenas un puñado de locos los que nos transportamos en dos ruedas bajo cero, entre ellos mis colegas Corine Vriesendorp y Nathan Strait, autor de la foto que abre este artículo. Justamente el año pasado mientras me encontraba camino al Museo, también durante uno de los días más fríos, divisé la silueta de otro ciclista que estaba tomando fotos del amanecer sobre el lago nevado. Cuando me percaté de que se trataba de Nathan, osé invadir el campo visual de su pequeña cámara digital ya que consideré que se trataba de una oportunidad ideal para contar con algún tipo de evidencia gráfica para un futuro artículo (éste).

Cuando la nevada acaba de caer, no queda otra que pedalear con fuerza, algo así como pedalear en la arena pero con menos esfuerzo ¡aunque igual cansa! Una vez durante una intensa nevada me demoré como una hora y diez minutos en llegar al Museo, como media hora más de lo normal. Llegué exhausto. A veces la textura de la nieve que cae es suave, y ahí no hay tanto problema, pero a veces precipita en forma de hielitos minúsculos y puntiagudos, los cuales se sienten algo así como una “acupuntura en los ojos” por lo que he optado por añadir a mi disfraz de robot unas gafas para esquiar, las cuales por suerte conseguí en oferta gracias a que el invierno no está lejos de llegar a su fin.

Durante el verano la ciclovía es prácticamente “invadida” por numerosos corredores, caminantes (algunos de ellos paseando a sus perros), patinadores y por supuesto cientos de ciclistas. Aunque admiro el espíritu de la gente de disfrutar del aire libre durante los meses de verano-lo cual se entiende perfectamente considerando el crudo invierno-se hace muy difícil pedalear libre- y velozmente. Sé que puedo pecar de egoísta, pero aunque parezca increíble en medio de la congestión veraniega en la ciclovía no puedo evitar remembrar con nostalgia la tranquilidad de las solitarias jornadas invernales en bicicleta.

¿Sales o no sales?

La manera como la ciudad de Chicago derrite la nieve y el hielo es esparciendo toneladas de sales por todas las pistas, veredas y también en la ciclovía. Tengo que aceptar que por un lado resulta conveniente para poder trasladarse, ya que la ciudad se paralizaría si la gente no tuviese cómo acudir a sus centros de trabajo y/o de estudio. El problema es que muchas de esas toneladas de sal van a parar al lago Michigan y a los ríos Chicago y Des Plaines, los principales de la ciudad. Se utilizan distintos tipos de sales como sulfato de amonio, acetato de potasio, cloruro de sodio, urea, todas corrosivas y dañinas para la vegetación y la calidad del agua (estos químicos dañan también el concreto y por supuesto los componentes de la bicicleta!). El lago Michigan, el segundo más grande de los cinco Grandes Lagos de Norteamérica después del lago Superior, tiene una extensión de poco más de 58,000 km². Este lago es siete veces más grande que el lago Titicaca, y baña las costas de cuatro estados: Wisconsin, Illinois, Indiana y Michigan. No se conoce a ciencia cierta cuánta sal tendría que llegar al lago para causar grados alarmantes de contaminación.

Un problema que siempre advertí y alerté a los pobladores locales cuando trabajé en las diferentes comunidades en la selva, es el abuso de fertilizantes, especialmente aquellos ricos en nitrógeno. Es sabido que el uso desmedido de nutrientes en especial de nitrógeno causa un fenómeno llamado eutrofización o eutrificación. El agua, al saturarse de nutrientes, promueve la proliferación de algas la cual inhibe el crecimiento normal de otros organismos naturales que alimentan a peces y que a la postre alimentan al ser humano. En otras palabras el exceso de nitrógeno que va a parar al agua promueve “la muerte lenta” de los ríos y lagos. Inclusive hay muchas fábricas de fertilizantes que para vender más, inescrupulosamente recomiendan el doble de las cantidades necesarias de fertilizantes. ¡Todo un crimen! Bueno, lamentablemente en Chicago y otras ciudades donde el frío es extremo, se están haciendo cada vez más estudios para evitar la corrosión del concreto y metal de los carros en vez de hacer mayores estudios para inventar un producto que derrita la nieve, que sea económico y que a la vez no contamine el agua. Todo un reto.

Hielo negro

Cuando la temperatura se eleva momentáneamente por encima de los cero grados centígrados, se derrite parcialmente la nieve. Luego vuelve a bajar abruptamente la temperatura con lo que se congelan los charcos, formándose el infame “black ice” o hielo negro, que al ser del mismo color oscuro del pavimento no se nota. A veces uno entra “planchado” a una curva y en cuestión de décimas de segundo termina “oreja al piso.” Durante el invierno del año pasado aterricé de rodilla por culpa de una de esas trampas de hielo negro lo cual me mantuvo inactivo durante dos semanas. El mejor remedio para recuperarme: seguir montando bicicleta. Ahora cuando hay demasiado hielo tengo que usar unas rodilleras de “downhill” para evitar mayores lesiones, un aditamento más para el ya bastante pesado traje de Robocop. El frío es intenso, el viento que sopla con fuerza del norte no deja avanzar, las sales dañan la bicicleta, los cambios casi no responden, la cadena se atraca. ¿Cómo es posible seguir con la adicción a la bicicleta? Creo que la respuesta está en la dosis diaria de aire puro, en la necesidad de estar al aire libre, así sea en invierno y en plena ciudad, pero sobretodo en la necesidad imperiosa de ser responsable con el medio ambiente, especialmente en estos tiempos.

Muchos países, en especial en el sudeste asiático utilizan la bicicleta como medio principal de transporte. Aunque es algo utópico pretender que algún día llegaremos a lograr algo así en el Perú, los soñadores justamente tenemos derecho a eso, a soñar, pero también a pensar en serio en el momento en que el combustible fósil se acabe (esperemos que antes que éste haya acabado con el planeta), y aunque cada vez se está utilizando más la energía renovable como los paneles solares o molinos de viento, no es de locos pretender que el ser humano pueda generar a gran escala su propia energía e impulsarse a sí mismo para contribuir con el cuidado ambiental de su hogar: el planeta Tierra.

GOREL crea área protegida de casi un millón de hectáreas

enero 8, 2009

Nada tan grato como compartir una buena noticia. Desde Loreto nos llegó la excelente noticia de la aprobación por parte del Gobierno de esa región (GOREL) del Área de Conservación Regional (ACR) Nanay-Pintuyacu-Chambira.

 

El 14 de diciembre quedará como una fecha histórica dentro de la lucha para la conservación de los bosques de nuestra Amazonía, ya que el GOREL declaró por unanimidad la creación del ACR Nanay-Pintuyacu-Chambira de 953,001 hectáreas. Desde la vecina comunidad de San Antonio, Yván Vásquez Valera, presidente de la región, hizo el anuncio en presencia de las autoridades comunales. La declaratoria representa una inyección de esperanza para la protección y manejo sostenible de los recursos en la zona.

 

 

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Como antecedente puedo recordarles el inventario rápido que realizamos con The Field Museum de Chicago en agosto de 2006. Gracias a la iniciativa de GOREL, llevamos a cabo una investigación biológica en tres campamentos en las cabeceras de los ríos Nanay, Mazán y Arabela. El trabajo social se condujo en 11 comunidades clave localizadas en esas cuencas. Con los resultados obtenidos del inventario, los biólogos que participaron en el estudio estimaron la presencia de 3,000-3,500 especies de plantas, 240 de peces, 80-100 de anfibios, 60-80 de reptiles, 500 de aves, y 59 de mamíferos grandes. En su oportunidad, publicamos el artículo “Aguas Sagradas, Inventario Rápido en Loreto” en la edición especial de aniversario de la revista Viajeros (Número 20/21, la del ocelote en la portada). A principios de año un equipo del Field también presentó el reporte correspondiente al inventario, incluyendo las recomendaciones para el área.

 

Esta flamante ACR se emplaza dentro de los bosques más ricos del planeta en cuanto a biodiversidad se refiere. Es la mayor en tamaño en la región y la tercera en ser creada luego de Tamshiyacu-Tahuayo y Ampiyacu-Apayacu, de casi medio millón de hectáreas cada una, sobre las que también comentamos (y aplaudimos) en su momento desde esta columna. La importancia de la nueva ACR es incalculable, ya que permitirá a las comunidades de la zona hacer un manejo sostenible de los recursos naturales. A su vez, mediante una gestión adecuada, sumada a un plan de capacitación e intercambio de experiencias provenientes de la sabiduría de las comunidades locales, se podrá garantizar la calidad del agua, no sólo para los poblados cercanos sino que incluso para la gran metrópoli de Iquitos, la mayor y más “sedienta” de la Amazonía peruana.  

 

La propuesta del ACR Nanay-Pintuyacu-Chambira, también fue cuidadosamente elaborada por el Programa de Conservación, Gestión y Uso de la Diversidad Biológica de la Región Loreto (PROCREL), responsable del cuidado de los bosques y de las aguas que los nutren. Asimismo, la iniciativa del gobierno regional y PROCREL están siendo apoyadas incondicionalmente por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) y la ONG Naturaleza y Cultura Internacional (NCI).

Las Áreas de Conservación Regional se administran en coordinación con las instituciones locales y autoridades como las municipalidades, organismos públicos y privados y, lo más importante, con las comunidades nativas o campesinas vecinas o incluidas en estas  áreas. Al igual que todas las otras categorías de áreas naturales protegidas, las ACR son también patrimonio de la nación. Su establecimiento respeta los derechos originales de propiedad dentro del área. Según la ley de áreas naturales, las ACR pueden formar parte del SINANPE cuando las autoridades del ámbito nacional lo decreten. Se ha dado un paso enorme para la protección definitiva de estos bosques. Por el momento, quedamos a la espera de la resolución por parte del Estado que establezca finalmente el área de conservación para garantizar la existencia de las especies a través de las futuras generaciones.